Amores Gatos, una ronroneante historia en la babélica Nueva York.

9 08 2016
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Primera caída. Encontrarse en un sueño de smog.

Como si de un personaje de sus películas se tratase nos encontramos al director de cine peruano JuanMa Calderón por casualidad, en el centro de una gran ciudad, México, pasada la media noche en una fiesta en el departamento que La Casa del Cine consiguió para su alojamiento, casualmente casa de un amigo, el paladín del ciclismo urbano y del mejoramiento de la movilidad, Agustín Martínez. Ahí bebimos, convivimos y JuanMa quedó sorprendido por el regalo que lleve para el cumpleañero Agustín, el número 120 de la revista Artes de México, sobre la lucha libre. ¡Está de la pitimitri! o algo así exclamó JuanMa al hojear el número. Seguimos la fiesta a todo dar aunque JuanMa me confesó que se sentía en una especie de sueño bizarro, pues momentos antes se encontraba acostado, pero la fiesta lo levantó e hizo salir de su habitación, trataba de dormir sin éxito con la premisa de que al otro día, tenía que impartir su taller en la mencionada La Casa del Cine ¿y de qué es tu taller? le pregunté, se llama Cómo no hacer cine respondió. La noche siguió, nos bebimos unos mezcales y charlamos un poco sobre el cine de luchadores, hablábamos de cómo esta cinematografía nos ha “hermanado” a muchos sobre todo en América Latina, en dónde las películas de luchadores las ha visto todo dios… y el diablo. Que pinches días tan contaminados los vividos en el 2016 en la dizque muy sofisticada CDMX, pero sus habitantes y administradores provocamos una regresión a los años ochenta y noventa, rompiendo récords de contaminación y con un número de contingencias ambientales ni siquiera vistas en esas décadas, por ello, el 24 de mayo, las organizaciones Bici-Red y Hazla de Tos convocaron a una rueda de prensa para denunciar la omisión del gobierno mexicano respecto a su accionar para corregir tal situación que está afectando la salud de los chilangos… tal evento tuvo lugar, sí, en La Casa del Cine y fui a grabarlo, siendo una grata sorpresa el encontrarme nuevamente a JuanMa trabajando con sus talleristas en un proyecto que presentarían el viernes 27 de mayo, ahí mismo, el cortometraje: Capitán Misterio, ¡inspirado en el cine de luchadores!. La verdad es muy posible que JuanMa me haya mencionado en la fiesta que en su taller se estaba trabajando el tema de las luchas y yo ni en cuenta, tal vez estaba, como diría la Sonora Santanera, “agoviado por los sumos del alcohol”. ¡vente especialista! me invito JuanMa a pasar, en uno de los salones había un pequeño altar dedicado a El Santo, un story board, y en una Mac editaban un audio basado en una lucha en jaula entre Psycho Clown y El Texano Jr. Me encontré totalmente sorprendido, era como haber salido de mi estudio para llegar sin saberlo, a mi estudio. ¿Ya tenemos máscaras? preguntó un actor, otro contestó: ¡sí, mira y tiene una letra M!… de misterio.. pero… esta máscara si es de alguien ¿o no especialista? preguntó, -sí, afirmé, es una de Mil Máscaras… bueno los dejo trabajar chicos-. ¡Te esperamos el viernes en la proyección, vente pata la vamos a hacer linda…!

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Gif publicitario de “Capitán Misterio”
Segunda caída. Capitán Misterio bajó al Tepeyac…
Entusiasmado, me dirigí a la calle de Uruguay 52 llegado el día y la hora de la proyección de Capitán Misterio cuyo estreno estuvo anunciándose días antes con un simpático GIF animado en redes sociales, era el resultado final de un intenso taller de diez días en que se abordaron todas las facetas de producción de un filme, durante aquella presentación JuanMa explicó al público: “El taller Cómo no hacer cine se trata de ir resolviendo la cosas y logrando realizar algo, de darle un poco la vuelta a las reglas establecidas al sistema, del cómo supuestamente se debe hacer”. Capitán Misterio es un cortito con encantadores toques naïf pero sobre todo bastante bien resuelto. Cuenta la historia de un padre, su hijo admirador del famoso luchador Capitán Misterio y un enigma que dentro de la distancia también lo une. El audiovisual cuenta con algunas grabaciones en la Basílica de Guadalupe (interiores y exteriores), que yo recuerde, en la extensa filmografía del cine de luchadores (250 filmes aproximadamente) no se realizaron antes locaciones en el santuario del Tepeyac. Algo notamos en la máscara del Capitán Misterio: si bien reconocimos que es la de un luchador de renombre también vemos que está intervenida con algo de scotch o cinta negra que la transformaba, con esto, el equipo de talleristas inclusive resolvió el tema del respeto a los derechos autorales y la originalidad.
Tercera caída. Amores Gatos.
Pero no sabíamos que lo mejor estaba por venir, al terminar la proyección del corto vino la del más reciente largometraje de Calderón, Amores Gatos, de 2015, filmada en Nueva York y producida por María Rondeau, actriz en ambos materiales de la noche, fue ella misma quien me invitó a quedarme dentro de la sala para ver la película cuando los talleristas salían de la sala, casi salgo con ellos, que bueno que no lo hice. Amores Gatos, es una historia que entrecruza las de por lo menos 16 personajes (14 personas y dos gatos) en la ciudad de Nueva York, en la que el cineasta habitó y trabajó por algún tiempo, el personaje principal es Juan, un emigrante peruano que se gana la vida como Cat Sitter o niñero de gatos, una pareja de mujeres que sale de viaje le encarga a Juan a Nena su gatita, para que se quede haciéndole compañía, Juan se sentirá a sus anchas en el departamento, lugar en el que convergirán las historias, sobre todo por que Juan busca insistentemente la compañía femenina, colocando incidentalmente, en alto riesgo a la recomendadísima Nena. Del maremágnum neoyorkino, de sus habitantes, amplias avenidas y rascacielos emerge Juan, visto así parece un espermatozoide que va ganado la carrera para ovular una historia que desde su inicio transmite calidez, cuando inicia la película te sientes recién bajado del avión o del bus, llegando a la mítica “gran manzana”, pronto te enganchas con esta historia que desde el inicio ubica la musicalización como elemento clave en la regulación del ritmo, que en lo personal fue lo que más aprecié de esta película, el ritmo que logra armonizando ese elemento con el planteamiento de las escenas, los diálogos, las situaciones y los momentos de la película, introducción, desarrollo, clímax y final, logran un balance con la sencillez de la historia y el planteamiento de su género: la comedia. La película en sí misma es un paseo con amigos por Nueva York, su diversidad de barrios y multiculturalidad están planteados, mostrados o mencionados durante la película, pero no sólo los míticos lugares como Chinatown o el Central Park otorgan esa autenticidad de las locaciones, son sobre todo los bares, calles y los propios departamentos y sus grandes ventanales, que nos llevan a asomarnos a la intimidad de sus habitantes y así, nos sentimos transportados a las entrañas neoyorkinas de las clases acomodadas o medias, el arte que decora sus muros, la manera en que está colocados sus libros, el estilo de sus salas y sillones, la gigantesca oferta comercial global de la que disponen, y que decir del grado de consideración hacia sus mascotas, tendencia global, que ha hecho emerger en algunos sitios el debate de las relaciones entre ser humano y los animales, los cuales al parecer están ganado la batalla al estar inclusive por encima del amor, consideración y respeto hacia los congéneres. Bueno, aunque como plantea también el filme, algo tenga que ver la plaga de ratas con tanto amor gatuno (los roedores al parecer no han encontrado más comprensión, admiración y amor que de Walt Disney, las cucarachas sólo han encontrado lo mismo en los músicos de la Revolución Mexicana). Es muy destacable el trabajo de cinefotografía planteado en blanco y negro por el director, y realizado por Mario Vizcarra, quien contó tanto con espacios amplios como estrechos, poco o muy iluminados, y en los exteriores la cámara al hombro le viene muy bien a la historia pues transporta al espectador, al que hace sentir casi con las plantas de los pies en esa ciudad, identificarse y acompañar a los personajes. Amores Gatos renuncia a ser un típico drama en pantalla sobre los migrantes latinoamericanos, los conflictos, historias personales, filias y aspiraciones muestran la gran diversidad cultural y de pensamiento que es en sí mismo, cada país, ciudad o pueblo del mundo, sin poder o pretender por supuesto sacudirse del drama original latinoamericano (y es por eso que no podemos sólo clasificar como comedia esta película) pues no hay que dejar de considerar que muchas veces y para muchos, dejar su país primero que nada, ya conlleve algo de trágico. Ninguna serie de esas de televisión que “nos muestran” Nueva York, sus relaciones amistosas, crímenes y pasiones nos enseñó tanto –y de manera tan sencilla- de esa ciudad y de la vida transcurriendo ahí como Amores Gatos, ¡y sí patas,! claro que he visto Historias de Nueva York, ¡záfense de esta llave Woody-Martin-Francis..! A causa de nuestra enferma luchafília sólo Naked City (1948) de Jules Dassin, nos hace sentir algo parecido con una película sobre Nueva York. JuanMa ya puedes regresar a tu habitación a dormir, no te molestaremos más cuando salgas de ahí házlo con con otro más de tus sueños.
Por The Killer Film, el crítico enmascarado.

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