Revivir el Cineclub Bravo

11 03 2010

La vena del cineclubismo entre los JSI viene de antaño, cuando en la mesa de diseño gráfico del Cine Club Políticas (CCP 1997-2000) se acuñó el descabellado membrete, producto de las realizaciones cotidianas de los estudiantes de comunicación que se encargaban de la difusión y edición del hoy legendario CCP. El llamado Shockollage se practicó intensivamente, dando como resultado más de 90 números de la serie Cinestudios y el boletín Zoom Politikon, que igual mezclaban recortes de diarios y revistas, con elementos gráficos provenientes de una inmensa variedad de publicaciones, para dar a conocer la información técnica y editorial de sus programaciones. Allí se formaron Orlando Jiménez y Gabriel Rodríguez en el oficio del recortar y pegar pedazos de cine. Poco después, Fernando Serrano, proveniente del Cine Club Economía se sumó al equipo y consolidó la mancuerna de programación, diseño y proyección de diversos festivales y muestras en las que comenzó a participar el colectivo. Tiempo después, el colectivo recibió a nuevos integrantes, y entre ellos Agustín Martínez permaneció ejercitando el músculo del sampleo.

Acompañando las actividades cineclubistas durante más de diez años, el logo de las tijeras con dientes ha respaldado los modelos que periódicamente se han realizado alrededor de las imágenes en movimiento. Aplicando formatos que van de los 16 mm al video digital, pasando por proyectores de 8 mm, Super 8 mm, vhs, diapositivas e incluso cuerpos opacos.

En 2002 nació el Cine Club Bravo como una forma de reivindicar un cine club independiente fuera de la UNAM. Sus sesiones se llevaron a cabo en un domicilio en la colonia Juárez, en la esquina de Londres y Dinamarca. Luego pasaron a ser en el Centro Cultural La Pirámide, para llegar después al hoy extinto Laboratorio de Arte Contemporáneo y finalmente a la recién inaugurada Casa Vecina donde trabajó de 2005-2006. En esas sesiones practicó un modelo de convivio con invitados, cocteles, programas de cortos y mucho diseño gráfico. La programación empezó con el cine independiente mexicano (Alazraki, Velo), para finalizar esa época de 16 mm con el documental de vanguardia (Grierson, Vertov). Luego se probaron maratones mensuales temáticos en DVD. Antologías del video-clip al séptimo arte y de lucha libre; el formato del cortometraje llevó a invitar autores de trabajos sobre la Ciudad de México.

Como parte del proyecto se produjo el boletín Zavio, que editó varios números y se incursionó en Internet, dejando rastros de todo ese movimiento de pantallas usando la multimedia. Participaron intensamente Simona Schaffer y José Serralde, quienes tomaron su propio camino en los campos de la creación y difusión cultural.

La Federación Internacional de Cine Clubes (FICC) reconoció al Cine Club Bravo como miembro asociado en 2008, luego de una intensa colaboración con el grupo Latinoamericano de la FICC, a través también del observatorio del cineclubismo global Mundokino, que permitió participar en el desarrollo del catálogo Cinesud.

Hoy en día se prepara el regreso del Cineclub Bravo, a través de la asociación civil JSI.

G. RDZ

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